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PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN BALLENA FRANCA AUSTRAL
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| Foto:Iain Kerr
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A nivel mundial, la situación de las ballenas y su medio ambiente sigue siendo
crítica; Japón y Noruega continúan cazando con fines " científicos" y tienen planes
para volver a cazar en gran escala comercial. Por esto, hoy más que nunca debemos
seguir, con el sello que ha identificado los programas conducidos por el Dr. Payne,
desarrollando nuevos estudios a través de técnicas benignas de investigación no
invasivas y así demostrar que la cacería científica no es necesaria y que atenta
contra de la conservación de las ballenas.
A nivel nacional, el estudio de ballenas francas en Península Valdés tiene un
rol muy importante ya que permite alertar sobre los cambios en esta población
que pueden ser representativos de amenazas. A medida que las actividades humanas
destruyen lentamente el ambiente, resulta imperioso contar la información que
permita tomar decisiones para la protección de las ballenas y su hábitat.
Dados los fundamentos expuestos, el ICB continuará y fortalecerá el PROGRAMA
BALLENA FRANCA AUSTRAL incorporando nuevos proyectos científicos que permitan,
a través del mayor conocimiento de la biología y requerimientos ecológicos de
las ballenas francas, promover la conservación de esta especie.
El PROGRAMA
Comenzó en 1970 cuando el Dr. Roger Payne, científico y presidente del WCI,
descubrió que podía identificar individualmente a las ballenas francas a partir
de los patrones de callosidades en sus cabezas. Hasta ese momento, lo que se
conocía sobre las ballenas provenía en su mayor parte del análisis de ejemplares
cazados por la industria ballenera. El Dr. Payne descubrió que siguiendo la
vida de los individuos, podría aprender mucho más sobre las ballenas de lo que
se conocía a partir de animales muertos. Muchos de los descubrimientos y de
las técnicas que son importantes para evaluar el estado y la salud de ésta y
otras poblaciones de ballenas francas, provienen del estudio de la población
de ballenas francas de Península Valdés; incluyendo las técnicas utilizadas
para estudiar a las ballenas, documentar su distribución y estimar el tamaño
y la tasa de crecimiento de la población, seguir sus movimientos y contar el
número de individuos acústicamente. Este Programa es actualmente dirigido
por la investigadora Victoria Rowntree.
Los descubrimientos incluyen hechos tales como:
La mayoría de los nacimientos ocurren en agosto, la mayor abundancia de ballenas
se da a fines de septiembre y principios de octubre, las hembras paren una vez
cada tres años y tienen su primera cría a los nueve años de edad. La posibilidad
de seguir a los individuos por largos periodos de tiempo desde los acantilados
de Península Valdés dio lugar a uno de los primeros estudios más detallados sobre
el comportamiento de una población de ballenas francas en la cual los cambios
en las interacciones entre las hembras y sus crías se relacionan con el desarrollo
de las crías en sus primeros tres meses de vida.
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La ballena Docksider fotografiada en 1990 en Puerto Madryn.
Foto: John Atkinson
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El análisis genético de las muestras de tejido extraídas de ballenas varadas
ha demostrado que las ballenas de Península Valdés conforman una población independiente
de las ballenas francas que paren en las costas de Sudáfrica, lo que resulta elemental
al desarrollar planes de manejo.
Las comparaciones de fotografías aéreas de ciertos individuos indican que las
hembras de ballenas francas pueden ocupar más de una zona de cría. Algunas hembras
que paren en Península Valdés también han sido fotografiadas con crías en la zona
de cría de ballenas francas al sur de Brasil.
El análisis isotópico de las barbas de ballenas que fueron halladas muertas en
Península Valdés muestra que algunas ballenas comparten una zona de alimentación
con ballenas francas que paren en las costas de Sudáfrica y algunas se alimentan
incluso en otra zona más al norte.
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...luego en 1994, con su primer cría, llamado Espuma.
Foto: John Atkinson
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Y lo que es aún más importante para las ballenas francas de Península Valdés
es que los relevamientos aéreos anuales han permitido la creación de una base
de datos que ya lleva 33 años de historia de la población, que contiene una descripción
detallada de la distribución, miembros de la familia y preferencias de más de
1.800 individuos conocidos. Esta base de datos se ha convertido en una herramienta
invaluable para conocer a las ballenas y aprender más sobre sus necesidades y
su reacción a los cambios producidos en su hábitat durante los últimos 33 años.
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